Rosendo era un gran amante de la Naturaleza. Excursionista empedernido. No tenía bastante con el Tejo, el Cerro, la Vallesa y el Pico de la Nevera, así es que se buscó nuevas cimas y las montañas vieron como sus pisadas formaban parte de su historia geológica.

Rosendo ahora ya no puede subir a sus queridas montañas. Y las añora. Buscaba el agua cristalina de los manantiales. Buscaba las huellas del pasado. Buscaba y encontró en las montañas la paz interior de los valles y de las crestas.

Rosendo junto con Federico Fuertes y otros amigos rememoran aquellas caminatas de València a Siete Aguas en una jornada. La banda de música del pueblo que salía a recibirles. Rosendo ha escrito muchas páginas y ha hecho muchas fotos. Unas fotos en la que nos habla con pasión de la vida, de la amistad, de los monumentos, de las meriendas, de la música, de la aldea del Reatillo, de los hermanos Valiente, de los poblados ibéricos, del puntal de la Coneja, …

Rosendo disfrutó mientras pudo del aire puro, del vuelo de las aves, de la conversación en los caminos que van a Malen o a la Fuente de la Puerca. Disfrutó mucho y nos enseñó más.

Nos conocimos hace muchos años, casi medio siglo, y luego fuimos compañeros de fatigas en la Asociación para la Cultura Popular en Siete Aguas, cuando en 1980 él era el presidente.

Este verano espero que nos veamos y que de nuevo nos hagamos una foto con Ferrer y con todos y todas aquellas personas con las que compartimos grandes emociones.

Va este texto por ti, Rosendo, por todo lo que has hecho y por lo mucho que te queremos.

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