Leyendo la prensa valenciana del año 1954 he encontrado una noticia sobre un atleta llamado Jim Peters, capitán del equipo inglés en los British Commonwealth Games de Vancouver, Canadá.

Nos presenta el texto a esta atleta y nos habla de la situación dramática con la que se desarrollaron los últimos metros de la maratón de estos Juegos. Nos dice que llevaba más de 17 minutos de ventaja al segundo clasificado, que entró totalmente desorientado y que cayó al suelo ante la expectaciíon de más de 35.000 personas que estaban en el estadio.

He buscado información sobre este atleta del que solo sabía que fue el primero en bajar de las 2 horas 20 en maratón en 1953. Y así describen los hechos: Marathon runner Jim Peter: Runner Jim Peter reached the gates of Empire Stadium in first place, 17 minutes ahead of the next runner.

A partir en una situación agónica cae al suelo, trata de levantarse, mientras en el vídeo se puede apreciar el terrible silencio del estadio. Tras un sufrimiento inmenso es adelantado por dos atletas. A falta de 220 yardas cae para no levantarse.

En la prensa valenciana completan la información sobre el maratón con una información en la que se habla de un indigena africano que luchó con las tropas francesas contra Abd-el Krim, y que resultó ganador de la maratón celebrada en Amsterdam. Este hombre se llamaba El Ouafi.

El año 1954 un atleta valenciano se proclamó campeón de España de Maratón en Barcelona. Se llamaba Francisco Juan, de Puerto de Sagunto. De este modo la prensa catalana comentó el triunfo del atleta valenciano:

En Barcelona se disputó la más dura prueba del atletismo. Francisco Juan, corredor formado y forjado en los HH.-V fue el ganador destacado, que obtuvo 8 minutos de ventaja, es decir más de 2000 metros, sobre su inmediato seguidor. Otro campeonato de España, que aunque no tiene un eco de tanta resonancia como el de un deporte profesional, tiene tanto o más mérito, pues es el resultado de la lucha solitaria del hombre contra el cronónetro, la carrera y sus rivales.

Volviendo a Jim Peters años más tarde confesó: Tuve la gran suerte de no haber muerto ese día.

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