Rafa Vidaurre es un hombre excepcional. Sencillo, cercano, sabio, alpinista, escalador, corredor y presente en cientos de carreras organizadas por su club la S.D. Correcaminos. Acude al trabajo en bicicleta. Es una persona que mira a los ojos y conoce a fondo la naturaleza humana. Es también el primer valenciano que alcanzó la cima del Everest, el 6 de octubre de 1991, en compañía de su amigo Coque Pérez. Han pasado muchos años y muchos han olvidado su nombre. Es por ello que escribir estas líneas son un pequeño reconocimiento a un personaje de leyenda.

Subir al Everest, el techo del mundo, supone un gran equipo, y máxime en el año 1991. Ahora si tienes dinero te llevan a la cumbre. La montaña, o mejor los ocho miles se han mercantilizados. Si antes ir a cazar leones a África era un signo de distinción, en el presente lucir una foto en tu despacho de la Quinta Avenida de Nueva York con tu cuerpo en la cima de una montaña mítica te aporta el plus de importancia  requerida.

El equipo de personas que se desplazaron a la cordillera del Himalaya estuvo compuesto por Juan Carlos Gómez, Joan Grifol, Javier Botella, Moisés García, Victoria Amigó y el cineasta Paco López.La vía elegida fue seguir los pasos de Edmund Hilary. Ahí es nada. El presidente de la Generalitat Joan Lerma apoyó el proyecto. Y como dice el proverbio latino la fortuna ayudó a los audaces.

Los años pasaron y las gestas se olvidan. En el presente Rafa Vidaurre acude al gimnasio de Correcaminos donde lo puedes ver más de una tarde haciendo algo de pesas, manteniendo un tono muscular envidiable, una sonrisa perenne, unas capacidades escaladoras asombrosas y unos saberes que siempre quiere compartir

Hoy Rafa sigue amando la montaña, la roca, la verticalidad. Sigue siendo maestro de maestros. Hablar con él es un placer. Vive con pasión la vida. Su honestidad es contagiosa. En la primera foto del aragonés Toño Ubieto, Rafa está a punto de coronar el Everest. Está justo en el escalón de Hilary. En la segunda foto, de su hija Ester, lo vemos en el Cavall Bernat, en Monserrat, en compañía de su hijo Víctor.

Solo me queda pedir a los dioses de la montaña, del cielo y de la tierra que preserven a esta persona excepcional para que tanto la sociedad valenciana como sus amigos y familiares podamos aprender de Rafa el camino del respeto a la Naturaleza y la esperanza de un mundo mejor.

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