Las fallas de València y la Tomatina son dos de las fiestas más universales, junto con los moros y cristianos, les Fogueres de Alacant y la Magdalena de Castelló. En 1928 residían en Buenos Aires un numeroso colectivo de valencianos, algunos de ellos de Buñol. Ese año decidieron organizar un viaje en barco a València para visitar la ciudad en Fallas, pero desgraciadamente no se pudo realizar.

Desde finales del siglo XIX la presencia de valencianos en Argentina fue muy intensa. Los emigrantes salían en busca de un mundo mejor que esperaban encontrar allende los mares. En ocasiones lo encontraron y en otras no. Muchos de ellos se quedaron para siempre y siguieron festejando las fallas.

Los valencianos crearon el Centro Valenciano y decidieron plantar una falla en 1928 en la que unieron el fervor por la tierra ausente y el amor por la patria de adopción. Así en la falla se podía ver a Rosina, que simbolizaba la belleza y el esplendor de la huerta, y all Gaucho como encarnación de argentinismo. El pintor valenciano Ferrer Cabrera y un grupo de entusiastas llevaron a feliz término la falla. Este monumento se levantó en el patio de su local social. Cuenta el Diario Español que fue todo un éxito y que muchos argentinos acudieron a ver esta falla y a conocer a los valencianos.

Entre los días 17 al 22 de marzo de 1928 los salones del Centro se vieron muy concurrido. Se instaló una barraca en la que numerosa muchachas valencianas ataviadas con los trajes típicos dieron la nota de color. No faltaron, claro está, los buñuelos.

Más de 30.000 valencianos se habían establecido en Argentina en 1928. La sangría de la emigración siguió durante décadas. En ocasiones los valencianos se llevaron el juego de pelota y en la ciudad de San Juan se construyó un trinquete.

Las relaciones en el campo del fútbol fueron muy intensas entre los equipos argentinos y valencianos. Muchos de los grandes jugadores, como Kempes, dejaron huella en ambos países.

Hoy hay muchas personas de Argentina que residen en València. Incluso destacan en el campo del maratón como es el caso de Karina Córdoba. En cuanto a la fiesta de la Tomatina os aconsejo que visitéis la ciudad de Buñol y su museo dedicado a esta fiesta.  Y en lo que concierne a los moros y cristianos es probable que aquellos amigos de América Latina que no conozcan esta fiesta se maravillen como hace unos días me comentaba un amigo argentino que había asistido en Alcoy el año pasado a los desfiles de las comparsas.

Fiestas todas ellas de las que nos podemos sentir enormemente orgullosos. Por cierto las carreras a pie en Buñol datan del siglo XIX.

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