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Estas líneas van dedicadas a todos mis amigos. Entiendo por tal palabra aquella persona por la que siento respeto y a la vez deseo compartir con ella mis sentimientos.

Ayer domingo presencié una cabalgata emocionante. Una cabalgata que ya se celebró en el mes de enero de 1937. Es bueno conocer la historia. En aquel mes de aquel año miles de niños españoles fueron trasladados a Valencia, principalmente procedían de Madrid donde las fuerzas golpistas del general Franco bombardeaban la ciudad. Otro tanto hacían en Bilbao y en Guernica. La destrucción de Guernica sirvió a Pablo Picasso para plasmar los horrores de la guerra en un cuadro que se ha convertido en el icono del siglo XX. La aviación alemana recibió la orden del general Franco de acabar con la ciudad. Muchos niños vascos fueron acogidos en el Reino Unido, huyendo de la barbarie.

En València los niños de Madrid, muchos de ellos huérfanos, encontraron el calor de unas personas generosas. Para este grupo de niños de fuera y de casa, la República decidió crear una fiesta en la que se pusiera en valor los valores de la Ilustración.

Ayer en la cabalgata se habló de solidaridad, de cultura para todos, de luchar contra todo tipo de violencia, de crear una sociedad igualitaria, de establecer principios de honradez. Valencia fue una fiesta que diría Hemingway. Una fiesta en el sentido pleno de la palabra, una fiesta en la que la música, los pueblos de América Latina como Bolivia, los niños y las niñas pudieran comprender que en la diversidad y la pluralidad está la grandeza de un pueblo.

Toda la calle de la Paz y la calle San Vicente fue un desfile de sonrisas, un desfile en el que el protagonismo fue la búsqueda de la felicidad compartida, el deseo de que las calles sean de las personas, y la amabilidad y el respeto la norma.

Hace ahora 500 años el más ilustre de los pensadores valencianos Joan Lluis Vives escribía que la pobreza no es un bien querido por Dios, sino el resultado de la política de los príncipes. Vives como buen cristiano pensaba como Erasmo de Rotterdam en trasformar el mundo a través del evangelio, un libro en el que se habla de solidaridad, respeto y fraternidad. Ayer junto a estos valores se habló de igualdad de género, de amar a la persona por la que tu sientas afecto, de preservar la naturaleza cada día más dañada por la acción de un progreso puesto al servicio de las multinacionales y las fortunas en paraísos fiscales.

Gracias pues a todas las personas de buena voluntad, espíritu luchador y creyentes o no creyentes que asistieron a esta cabalgata en la que se puso de manifiesto que podemos construir otra sociedad en la que prime otros valores distintos al dinero, el becerro de oro de los tiempos modernos. Una sociedad en la que las magas y los magos convivan. En dos palabras unas ciudades y pueblos en los que la fuerza de la razón se imponga a la razón de la fuerza y que nunca más unos aviones del color que sean acaben con la ilusión de los niños, de los jóvenes, los adultos y los ancianos.

Deseo agradecer a Vicent Vila las fotos que me ha pasado.

 

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