La crónica que acompaña la información de la revista Stadium nos da cuenta de aquellos héroes del volante y de aquellos coches que a principios del siglo XX con unos pilotos ataviados de trajes especiales se lanzaron por carreteras polvorientas.
Esta mañana en la Hemeroteca municipal de Valencia, 20 de diciembre de 2017, he encontrado varios textos de los periódicos valencianos que hablan de esta carrera que tuvo que suspenderse en un par de ocasiones ante el mal estado de la carretera a causa de la lluvia y que por fin se celebró el 27 de diciembre de 1918. La distancia a recorre fue de aproximadamente dos kilómetros.

Reproduzco algunas de las frases:

-Conforme el itinerario marcado, abandonamos la ciudad por las torres de Serrano, y siguiendo la línea del tranvía de Burjasot-Godella, nos encontramos poco después en la carretera de Bétera.

-Desde que entramos en la carretera de Bétera pudimos comprobar que ésta había sido reparada convenientemente, lo mismo que el trozo de la de Bétera a Serra, y la de este punto a Olocau. No podemos decir lo mismo de la carretera particular de Porta Coeli trayecto comprendido en el interior de la pinada, que pudo arreglarse mucho mejor.

-A 500 metros de la salida se situó el cronometrador del R.A.C de España don Emilio Meseguer.

-La carretera sigue siempre en cuesta, hasta cerca del kilómetro 7, donde hay un paso en curva muy angosto.

-Desde este punto al ex monasterio de Porta Coeli, que dista aproximadamente 500 metros, es una pendiente ligera, que permite a los autos pasar cómodamente.

-El juez de salida fue Vicente Marzal. En la tribuna el capitán general señor Muñoz Cobos, el presidente de la Cámara Sindical señor Ballester y el presidente del R.A.C.V señor Gargallo.

-Los propietarios de los autos nos demuestran que este deporte estaba en manos de la aristocracia y los apellidos más linajudos de la sociedad valenciana: Barón de Casa Soler, Francisco Roig, Manuel Nacher, José Cucarella y otros. Un coche costaba una fortuna. El mantenimiento del mismo y la necesidad de un chauffeur que se ocupara de la conducción venían a sumarse a la necesidad de guardar el auto en un garaje. Una actividad reservada para unos muy pocos que servía para marcar las diferencias sociales y los status sociales.

-Las marcas de autos presentes fueron: Apperson, Ford, Hispano-Suiza, Elizalde, Dodge, Fiat, Dion-Bouton y Brassier. Junto con los autos también hubo una competición reservada a motocicletas en las que se distinguió el señor Albacar.

-Una vez terminada la carrera se sirvió una comida en la que no faltó el champagne, licores, café y habanos.

El automovilismo que nació como un deporte se sportmen, raid París-Madrid, pronto pasó a ser una poderosa industria. En 1918 la carencia de gasolina a causa de la Gran Guerra hizo que en Valencia muchos autos tuvieran que utilizar como combustible alcohol rectificado. En el otoño e invierno de 1918 una colosal epidemia de gripe afectó a miles de valencianos. El temor a morir llevó a muchas familias a refugiarse en casas aisladas en el campo, e incluso en cuevas.  En las casas la falta de carbón se dejó sentir en los hogares. La emigración a Argentina fue enorme.

Otra de las actividades relacionadas con el automovilismo que estuvieron de moda en este año 1918 fue la Gymkhana que se organizaba el R.A.C.V en la Alameda y la bendición de los automóviles en la plaza de la Constitución.

Por último reseñar que el texto con el que abrimos esta crónica está tomado de la revista Stadium y que las fotos son de Luis Vidal, una generación excepcional de fotógrafos que ha perdurado hasta el presente.

 

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