Fachada del Balneario con el vehículo que trasportaba a los veraneates (Foto: Archivo Federico Fuertes).

No siempre tiene uno la suerte de tener un amigo como Federico Fuertes que tiene un gran archivo de fotos antiguas como ésta que os mostramos.

A finales delsiglo XIX se pusieron de moda los balnearios donde las personas con ciertos recursos económicos iban a pasar un mes o dos, y a curarse o aliviarse de sus dolencias. En toda Europa los balnearios desempeñaron, hasta mediados del siglo XX, un gran papel en el campo de la medicina.

El balneario de Siete Aguas, población situada a 50 kilómetros de Valencia y a 700 metros de altitud, reunió durante muchos años a una nutrida concurrencia. Las aguas que nacían en un punto muy cercano a la actual fuente de los Siete Caños poseían propiedades curativas para el reuma, la anemia y el sistema nervioso, según los informes de los doctores.

Hace unos días encontré en la Hemeroteca Municipal de Valencia unos textos, todos ellos datados en el verano de 1910, procedentes de la prensa valenciana que aportan datos muy valiosos para reconstruir la vida en estos centros de salud.

En estos artículos se ensalza las instalaciones hidroterápicas, la comodidad de las habitaciones, el bien surtido restaurant, la amabilidad de Manuel Vilar, el administrador, la apacible temperatura y la colonia veraniega que se aloja en este edificio. Entre los nombres ilustres los periódicos citan al fiscal de la Audiencia Territorial de Valencia D. Ernesto Jiménez. Otros apellidos ilustres que se mencionan son los Novella, Fabra, Crumière, Moscardó, Banacloche, Guardiola, Llosá y un largo etcétera.

Las Distracciones

La elevación de globos y aerostatos causaba la consiguiete alegría de los niños. En el ámbito religioso los diarios señalan la misa del Padre Rafael Novella que se alojaba en el balneario; la homilía del cura párroco de Siete Aguas D. José Miralles; la labor de los maestros Dº Miguel Crespo y Dª Manuela Cortés que instruyeron a un numeroso grupo de niños para que interpretaran una misa a canto gregoriano y la procesión que organizaban las Hijas de María.

Las limosnas

Otro acto que llama la atención era el reparto de limosnas. En la plaza, junto a la casa del rico propietario de Siete Aguas, narran los periódicos, D. Victorino Sanchez repartía limosnas en especie y en metálico a los indigentes de la población. Acto que originó conmovedoras expresiones de agradecimiento de los pobres socorridos.

Los sainetes

Los sainetes fueron las piezas más celebrada para ocupar las noches. Así en 1910 se representaron La ducha y Entre doctores. La interpretación corrió a cargo de las bellas señoritas de Crumière y Banacloche, y de los señores Manuel Vilar, Martínez Borso y Zahonero, y gracias a su excelente mímica y artística declamación consiguieron producir la constante hilaridad de los numerosos y distinguidos espectadores, que repetidamente aplaudieron su meritoria labor.

Las inquietudes

A pesar de los excelentes resultados para la salud que los pacientes lograban en este balneario, hace años desaparecido, los cronistas señalan también el malestar económico consiguiente a la pertinaz sequía, lo que ha mermado sensiblemente la cosecha de cereales, y así mismo la tardía recolección de la uva, perjudicada por la filoxera.

110 años después

Hoy un siglo después el balneario es un recuerdo. Ya no se oyen al maestro Crespo y Dª Manuela Cortés, personajes sobre los que investiga a fondo el autor de la foto. Hoy el deporte del ciclismo y la carrera a pie concitan año tras año a centenares de aficionados. Hoy las 1400 personas censadas cuentan con un bonito polideportivo. Hoy la fuente de los Siete Caños con su agua caliente en invierno sigue siendo milagrosa. Hoy y ayer la banda de música es un referente, hoy como ayer la sequía es preocupante. Hoy a diferencia de ayer la mayoría de los jóvenes sieteagüenses tienen estudios superiores. Hoy ya no recorre las montañas el amigo Rosendo Rodilla, ni Rafa Ferrer tiene abierto su restaurante, ni Mari Carmen Ochoa se pasea por sus calles, ni Carlos de Francia, que habla 7 idiomas, charla con los atletas internacionales. El tiempo pasa y estas líneas van dedicadas a las gentes de bien de Siete Aguas de hoy y de hace 110 años, cuando para curarse lo importante era comer bien, reposar, pasear y esperar el efecto benéfico de las aguas.

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