Empezó a correr hace más de 50 años. Se dice pronto. Ha viajado por medio mundo. Es médico. Sus primeras zancadas fueron con los atletas de la sección de atletismo del Valencia C.F. Vinculado con Aielo de Malferit, con el Cabanyal. Sus padres tenían un puesto de venta de pescado en el Mercado de Ruzafa. Ramón corría el 1500, el 5000 y los croses, y lo hacía muy bien, y lo sigue haciendo aunque ahora en distancias más largas. Fue un excelente estudiante.

Atleta combativo, divertido, espontáneo, simpático. Amigo del alma de Ernesto Pérez. Siempre agradecido a Antonio Ferrer. A su Levante U.D.  que no se lo toquen. Uno de sus hijos salió corredor pero sin la pasión del padre.

Médico de la federación. Luchador contra del dopaje, según él muy extendido. Expatriado en Cartagena donde es querido y admirado. Dinamizador de cientos de iniciativas. Por su cuerpo no corre sangre, sino circuitos, carreras, calles de las pistas de atletismo. Enamorado del paisaje francés. Hombre culto. Gran fotógrafo.

Marta Fernandez de Castro fue y es una de sus amigas. En ocasiones hizo de liebre de ella. Un hombre como Ramón no se da todos los días. Recuerdo un día hace más de 25 años. Hora 3 de la madrugada. Lugar frontera de España con Francia, área de servicio. Voy con un grupo de 40 alumnos que vamos camino de Francia y hemos parado en este punto. Allí en el bar de pronto Ramón y Ernesto, vienen de correr el maratón de Venecia o de otra ciudad. Creo que estoy viendo visiones y ellos también.

Otra imagen. 1993. Copa del Mundo de maratón en San Sebastián, en la que Mónica Pont fue sexta. Ramón, Ernesto y Marta disfrutan a rabiar con esta carrera en la que también toma parte Pepe Pérez. Son un grupo de amigos muy especiales. Todos ellos han logrado vivir con la carrera a pie momentos que recordarán hasta el último metro.

Pues que sigan las carreras y hombres como Ramón Sobrino, Ernesto Pérez, Pepe Pérez, María Dolores Arroyo y Marta Fernández de Castro.

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