El uso del tabaco se ha generalizado de tal modo y en un peridodo de tiempo no superior a los 400 años que muchas personas consideran que la lucha contra esta droga es un combate perdido.

El tabaco comenzó a propagarse en Europa a mediados del siglo XVI. Juan Nicot, enviado de Francia cerca de la corte de Portugal, mandó semillas del tabaco a Catalina de Médicis. De ahí derivan palabras como nicotina y nicociano.

En 1604 Jacobo I rey  de Inglaterra trató de abolir el uso del tabaco y lo calificó de yerba sucia y muy dañosa. En Suiza, hacia mediados del siglo XVII, se hizo un reglamento de policía en el cantón de Berna y se castigó a la persona que fumaba con una multa de una corona. En 1690 el papa Inocencio XII excomulgó a todo aquel que tomase tabaco en polvo. A pesar de todas estas prohibiciones y muchas más, a finales del siglo XVIII el cultivo del tabaco era una gran fuente de riqueza en países como España, Portugal y Francia. No faltaron hombres de ciencias y de letras que aconsejaron el uso del tabaco para combatir la melancolía, el asma, liberarse de la peste y se afirmaba que era el gran remedio para despejar el cerebro y que con la ayuda del vino permitía al poeta crear obras sublimes. Otra de las virtudes era que ayudaba a hacer la digestión y que si necesitabas vomitar una infusión de tabaco en vino blanco era el remedio.

Durante décadas el tabaco ha sido mascado, fumado, inhalado y signo de distinción. Acabada la Guerra Civil española había personas que se ganaban la vida recogiendo colillas por las calles que luego revendía. Los niños perseguían a los marinos americanos en la década de los 50 para pedirles un cigarrillo o un chicle. La novela mundana que estuvo de moda en España en el primer tercio del siglo XX siempre presentó mujeres elegantes que fumaban. Sara Montiel, una de las grandes divas del cine y la canción española de los años 50 y 60 cantaba: Fumando espero al hombre que más quiero.

Hoy en las playas de Valencia se acumulan entre la arena miles de colillas. En las aguas de nuestras playas se disuelven lentamente las colillas. En las calles de las ciudades de España cada día se depositan 10 millones de colillas. El tabaco no solo mata, siendo la droga más mortífera, sino que ha pasado de ser un signo de distinción a un signo de vulgaridad. Aún así y con todo millones de personas fuman. Un negocio que moviliza a publicistas, que compra voluntades, que financia empresas y películas. Un negocio que mata y que seguirá matando, siempre y cuando tú, lector, mires hacia otro lado cuando veas que la mala educación de muchos fumadores como algo natural. Hemos de hablar con ellos, con los fumadores, con franqueza, con estima, con ganas de ayudar a construir una sociedad sin humos. Ya sé que es muy difícil, pero precisamente como dijo Saint Exupéry la personas se descubre cuando se mide con un obstáculo.

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