Las relaciones entre Estados Unidos y Valencia, a principios del siglo XX, no fueron tan agrias como la prensa española de la época trató de hacernos creer. El desastre de la flota española en la batalla de Cuba, la llegada de los soldados al puerto de Valencia en condiciones muy penosas, muchos de ellos murieron en el viaje de regreso, y en especial el propio testimonio de los soldados valencianos contribuyeron a que en los próximos cinco años el número de profugos en España alcanzará la cifra de 10.000 al año. No querían servir a España en guerras en las que se iba a defender los intereses de los ricos.

Los valencianos tenían muchos intereses en abrir mercados para sus exportaciones, en especial el vino, las barricas, los abanicos, los productos artesanos, la sal y en especial los productos agrícolas. No es de extrañar que la presencia de navíos estadounidenses fuera bien acogida. Tanto es así que en 1905 se les invitó a participar en las regatas de la Feria de Julio.

Y no solo participaron botes de guerra de Estados Unidos, sino que la presidencia del jurado estuvo compuesta por el comandante de Marina Sr. Lapuente, el contraalmirante del buque de guerra norteamericano sir C. M. Chester, el cónsul de los Estados Unidos sir Jhonson y el alcalde de la ciudad Sr. Llagaria.

Los botes del crucero yanki Minneapolis y el del trasporte carbonero Caesar protagonizaron la regata más apasionante, según el testimonio de los periódicos. Ganó la regata el Caesar. La regata fue de botes de 10 remeros con un patrón. Así se vivió esta regata.

Esta regata fue la más animada, porque las tripulaciones de ambos buques yankis excitaban a sus respectivos compañeros con gritería ensordecedora, mientras las sirenas de los barcos lanzaban al aire sus estrindentes sonidos”.

Esta presencia de navíos norteamericanos se va a incrementar en los próximos años. Valencia necesitaba carbón para su incipiente e importante desarrollo industrial. Valencia podría abrir nuevas vias y reforzar las ya existentes con Cuba y México. Una de las notas de la presencia de productos americanos entre los jóvenes valencianos fue la goma de mascar o chicle que muy pronto pasó a ser un signo de la modernidad de las primeras décadas del siglo XX, así como las girls que bailaban, rodaban films, nadaban o hacían atletismo.

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