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Es esta un historia de amor entre un hombre y una mujer. El amor y el odio son los dos elementos sobre el que construimos o destruimos nuestra vida. Pilar Algarra es un ejemplo de amor. Ama a un ser querido, ama a su hija y ama correr. La infancia de Pilar no fue un cuento de hadas. Nació en la provincia de Cuenca en unos años en los que no había de nada. Por no haber no había ni contaminación. Años tristes, años de luto y privaciones. Pilar como tantas y tantas personas se vino a Valencia a buscar trabajo. Desde hace años trabaja en una tintorería y la dueña, según me comenta Pilar, no quiere que se jubile y ella tampoco: Tengo muy buena clientela.

Todo hasta aquí puede parecer normal y fruto de una época. Dejemos que sea Pilar la que tome la palabra: De joven mi deporte fue trabajar muchas horas y criar a mi niña. Años duros pero de todo se aprende. Me casé muy joven y no fue nada fácil. Al final, después de 22 años, me separé. Mi hija trabajó en Londres y ahora está en Suiza. Luego apareció mi segundo marido y mi vida cambió en todos los sentidos. Fui la mujer más querida y amada por un ser especial que Dios puso en mi camino. El padecía cáncer ya y luchamos con mucho amor y dolor pero con una gran fe. La felicidad era tan grande para ambos que plantamos cara varias veces a las recaídas, hasta que al final el cáncer venció. Nunca podré agradecerle a mi marido todo lo que hizo por mí.
Ya de mayor me entraron las ganas de ir al gimnasio y empecé a hacer spinning. Cuando la muerte de mi marido acaeció entré en un tunel en el que sólo vegetaba, sin saber dónde ir y así fue como me puse a correr y renaci de mis cenizas. He vuelto a tener ilusiones y sé que mi marido me sigue mirando. Sé que le gusta que vaya a correr y que me esfuerce.
Ayer domingo en el trail de Betxi, Pilar Algarra fue primera.
Gracias Pilar por practicar la carrera a pie. Las bellas personas como tú no deberían nunca desaparecer.

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