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Nos situamos en la provincia de Zamora. En uno de esos pueblos que Dios ha dejado de la mano del hombre. Un padre dedicado a la agricultura tiene un chaval estudioso y trabajador. Se llama Teodoro. Teo estudía filosofía en Salamanca y se licencia. Pero como dice el aforismo latino primum vivere, pues Teo recala a mediados de la década de los 70 en Valencia. Antes en el servicio militar ya pudo comprobar que correr iba a ser su deporte, y tanto que lo fue.
En 1980 toma parte en el campeonato de España de maratón en Laredo y llega entre los seis primeros. Un año después en el maratón de Valencia se proclama ganador. Esa noche se ha levantado a las 3 de la mañana. Los nervios los tiene en el vientre. Espera que sea un gran día.
Se ha dado la salida del Primer maratón popular de Valencia.Estamos a 29 de marzo de 1981. Por supuesto que no hay línea azul ni dorada. Por supuesto que los dorsales se han tenido que confeccionar a mano en la sede de Correcaminos, la entidad que organiza la prueba.
Unos días antes ha llovido y en el bosque de El Saler exhala perfumes. Por allí transitan los algo más de 600 atletas que han tomado la salida. En la zona de tierra donde aún quedan pequeños charcos graban sus zancadas los atletas populares.
Teo va en cabeza. Está en la marjal. Allí no hay nadie, pero Teo que goza de una comoda ventaja empieza a sufrir. El muro está ahi y las piernas empiezan a decir basta, a pedir clemencia. Cada vez el dolor es más intenso. Teo continua. Baja el ritmo. Sufre, sufre y sufre. Llega a meta en la Alameda en primera posición. Teo ha entrado en la historia.

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