Miguel Angel Plaza

El día siguiente a la disputa del maratón de Valencia es el gran día. Los cuerpos están agotados y los atletas analizan, lupa en mano, lo que ayer aconteció por las calles de Valencia. Desde hace horas las redes sociales están colapsadas. Todos cuentan lo que ayer vivieron en la ciudad de Valencia. Todos quieren expresar sus sentimientos. Una atleta al llegar a meta me abrazó y me dijo: ya soy maratoniana. La mujer lloraba. Era un sueño que venía acariciando desde hace años. Su vida ha sido muy dura, os evito los detalles.

La imagen de la ciudad de Valencia ayer fue la de una ciudad alegre, volcada cada vez más con los atletas. Una ciudad abierta, acogedora, afable, culta. Una ciudad en la que el maratón es su principal prueba deportiva.

Hace unos años se montaron pruebas como la Copa del América, la Fórmula Uno, torneos de tenis, competiciones hípicas. Todas ellas marcadas por el capitalismo de amiguetes. Vamos a hacer negocio con el deporte y lo vamos a hacer con dinero público. Y ahi vino el despilfarro, el bufar en caldo gelat, que decimos los valencianos.

Luego vimos como unos dirigentes políticos se repartían el dinero de sus mordidas. El cierre vergonzoso de Canal Nou y el duro golpe que supuso para toda la sociedad valenciana y para el deporte.

Ayer Valencia fue una fiesta. Una fiesta en la que cada uno de vosotros habéis escrito una página inolvidable. Estamos cambiando las cosas. No será tarea fácil y nos llevará tiempo, pero al final ganaremos esta batalla.

Ayer pude cantar, micrófono en mano, las proezas de gente que corre mucho, que hace 2:06 o 2:26, en maratón. Hombres y mujeres de África, admirables. Les felicito. Sin embargo, permitirme que os diga a cada uno de los que ayer tomastéis parte la enorme emoción que sentí al veros emocionados. Vuestros abrazos, señales al cielo, historias conmovedoras de ángeles que se fueron, de serer queridos que nos dejaron, de superaciones alcanzadas, de historias inacabadas, ect., todo ello fue lo que más me enriqueció.

No quiero acabar sin felicitaris a todos, a los que habéis mejorado vuestras marcas y a los que no. Y en este capítulo un enorme abrazo para Marta Esteba, ayer hizo realidad uno de sus sueños, esperamos que no sea el último.

 

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