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Tony Lastra Liern

Estamos a principios del otoño de 20014, en l’Eliana, en el chalet de Antonio Postigo, uno de los grandes del atletismo español y amigo íntimo de Toni Lastra. Está también Pepe Mocholí, campeón de España de veteranos en las distancias de 800 y 1500, y un montón de chiquillos. Toni Lastra ha tomado la palabra para rememorar los inicios de la carrera a pie en Valencia.

Poco a poco se van iluminando páginas de los orígenes del running y salen nombres y carreras. Anécdotas y preocupaciones de cara al futuro de este deporte. Conocí a Toni en el año 1979 y recuerdo un entrene a las 6:30 de la mañana del mes de octubre de 1980 cuando preparábamos el maratón popular de Valencia de febrero de 1981. La salida estaba en la puerta de la iglesia de Monteolivete y el recorrido ida y vuelta hasta el Saler.

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Toni acababa de llegar a este mundo después de haber sido ciclista y excursionista. En esa conjunción astronómica como él gustaba decir se cruzaron otros personajes como Miguel Pellicer, Miguel de la Herrán, Roberto Ferrandis, Paco Borao, los concejales de deportes del ayuntamiento de Valencia Antonio Ten, luego Paco Gandía, y poco a poco decenas de corredores.

La Sociedad Deportiva Correcaminos se constituyó en 1981 y desde entonces hasta el día de hoy se ha ganado un merecido prestigio, gracias a una gran labor a favor del deporte popular.

Toni, un gran aficionado del Levante y del Real Madrid, fue como él se definió un corredor esforzado que se ilusionó con la carrera, que pensó que lo que acontecía en las grandes urbes americanas y europeas terminaría por cuajar en Valencia. Creyó en el hecho de que la carrera, entonces se le decía footing o jogging, sería el gran deporte que liberaría a las personas.

Toni fue escritor. Incansable. Necesitaba escribir para vivir. Necesitaba sentirse querido y admirado. Necesitaba que los demás supieran que él estaba ahí. Nunca pasó desapercibido y contó con una mujer, Pepita, excepcional. La Columna de Andrópolis fue durante muchos años su manera de reflejar sus sentimientos sobre los demás. En una de ella nos habla de una aparición que tuvo cuando un día corría por El Saler y se encontró con su otro yo que corría a su lado.

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Toni fue presidente del Correcaminos. Le encantaba ese cargo. En cierta ocasión le comenté que se asemejaba al escrito Flaubert quien llegó a creerse madame Bovary. El se llegó a identificar de tal manera que el Correcaminos era una proyección de su propia persona. Toni era un hombre que leía y leía mucho. Poseía una gran menoría y sabía hacer valer sus puntos de vista.

Sirvan estas líneas para recordar a un hombre irrepetible que con sus aciertos y desaciertos, como todos los seres humanos, supo leer el tiempo en que vivía.
No quiero terminar sin enviar un gran abrazo a sus dos hijos, a sus nietos, y decirles que pueden sentirse muy orgullosos del padre y el abuelo que tuvieron.

Aquí tenéis el vídeo de la entrevista:

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