Rafa Martínez

Probablemente Rafa Martínez sea una de esas personas que no necesita ninguna presentación. Es querido, admirado y respetado por todos. Es una persona entrañable, buena, luchadora, capaz de desvivirse por ayudar a los demás.

Es un atleta que ha pasado de llegar el último en decenas de carreras a hacerlo muy bien, y con la particularidad de ayudar al que ve que lo está pasando mal. Lo conocí hace muchos años, a principios de la década de los 90, cuando corría y colaboraba con la Marathonina. Es un atleta de los que llegan al corazón, humilde, entrañable, con una gran capacidad para pensar en los demás. Las atletas lo adoran, los atletas lo respetan, y el seguirá corriendo por todos los pueblos y animando a que lo hagamos los demás.

Si a Don Quijote del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio, en el caso de Rafa del mucho correr y del mucho amar este deporte se convirtió en un referente de la superación personal, del poder de la mente puesta al servicio de la voluntad.

Los años pasarán y los atletas de hoy dentro de 30 o 40 años solo serán un recuerdo de un principio de siglo XXI convulso, injusto y egoista. El tiempo, enemigo con el que el atleta se tiene que enfrentar a diario, será testigo de nuevas generaciones, de nuevos proyectos, de nuevas costumbres.

Afortunadamente hombres como Rafa quedarán para indicarnos el camino. Tomo las palabras del poeta egipcio Cavafis en su poema De Demetrio Sóter (162-150 A.C).

No importa: en todo caso, se ha esforzado, ha combatido cuanto fue posible y en medio de su negro desencanto tan solo en una cosa piensa ya con altivez: que, inlcuso en su fracaso,sigue mostrando al mundo su valor irreductible.

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