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Amparo Sahuquillo

Vamos a remontarnos tres décadas atrás. Nos situamos en el verano de 1984. Estoy en el chalet de mis padres en Siete Aguas. Una chica vestida con un pantalón blanco y una blusa del mismo color me espera en la puerta de la entrada. Viene acompañada de su hija y de su marido. Acaba de cumplir 27 años y quiere que le ayude a entrenar. A su edad las mujeres ya no hacen deporte, y menos salen a correr por los campos de Chiva, donde reside.

Así empezó una de las carreras atléticas más sorprendentes que he conocido. La infancia de Amparo no fue nada fácil. Trabajó desde los 12 años. Salió adelante contra viento y marea. Su paso por el colegio fue corto, pero supo comprender que solo tenía un camino: echarle ganas a la vida.

Amparo es una mujer inquieta, incapaz de estarse quieta un segundo, andarina, alegre, atrevida, simpática a raudales. Amparo es un torbellino, le gusta ser vista. Su vigor físico es excepcional. Ha trabajado de mujer de la limpieza, atendiendo a personas con problemas físicos, en un hospital los fines de semana. Se ha enamorado un montón de veces y ha vivido con pasión cada uno de los instantes de su vida.IIIPujadaALaMontieletaBenaguasilHomenajeAAmparoSahuquillo12092009

Las jornadas laborales suyas eran de 10 y 12 horas levantando sanitarios y entrenado en cuanto tenía un minuto libre. Su calidad atlética fue muy alta. Esta muchacha de haber empezado a correr diez años antes, y bien dirigida hubiera podido llegar muy lejos. Fue subcampeona del mundo en categoría de veteranas en la prueba de 2000 metros obstáculos, y para correr esta distancia hace falta poseer un coraje excepcional, como excepcional ha sido toda su vida, donde se han acumulado títulos de campeona de España y récords de España uno detrás de otro.

Aquí tenéis la entrevista:

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