Miguel Ángel Rosell Blasco. Aunque con cierto retraso, que ruego me excuses, recibe también mis felicitaciones, querido Reca. No he tenido el tiempo (al que debe acompañar cierto sosiego, y eso no es nada fácil) suficiente para dedicarte las líneas que quisiera, pues mucho es cuanto quisiera decirte. Baste decir en este momento, y como obligada sinopsis, que eres probablemente y sin saberlo la persona que más ha influido en el devenir de mi vida. Tu profundo humanismo, tu visión crítica, razonada y atenta sobre cuanto nos rodea que como profesor nos transmitías caló en mí hondamente, como también lo hizo tu pasión por el saber, por el conocimiento. Hiciste buena aquella máxima de Sócrates: “una vida sin examen no merece la pena ser vivida”.

No solo nos enseñabas la lengua francesa, y además extraordinariamente bien, como probaban año tras año las notas de selectividad de tus alumnos, sino que además nos enseñabas a pensar. ¿Hay algo más importante que eso? ¿No es algo, acaso, que nos será de utilidad toda la vida?

He tenido muchos profesores a lo largo de mi vida, y de entre todos ellos tú has sido sin duda el mejor. Te debo en muy buena parte el ser una persona decente (o al menos querer serlo), haberme enseñado el valor del esfuerzo, el respeto al diferente, la pasión por el saber o cuanto menos por ser cada día menos ignorante, y te debo también el haberme hecho consciente de que más allá de nuestro entorno más cercano y de nuestros problemas cotidianos de poca monta hay mucha gente que sufre y a quien nadie o casi nadie le importa. La paradoja es, Reca, que debo agradecerte cierta infelicidad en la felicidad, que no es otra que ser consciente de la infelicidad absoluta de otros, pues una vida realmente plena no puede ignorar el sufrimiento ajeno. Quizás sin saberlo, Reca, nos enseñaste eso, me enseñaste eso, y me acompañará toda mi vida.

Quince años ha que terminé el instituto y se separaron nuestros caminos para siempre, más allá de algún que otro encuentro casual que sin duda recordarás como yo recuerdo. Pero en todo este tiempo me he acordado de ti en innumerables ocasiones, en todas con gran afecto y en no pocas con mucha nostalgia, pues pocos hombres hay tan valiosos como tú y que hayan aportado tantas cosas buenas a la sociedad como has hecho tú. De más está decir que eres aún mejor persona que profesor, y eso que como profesor no has tenido par.

La “sinopsis” me ha quedado un tanto larga, no obstante confío en que podamos vernos en persona en algún momento y hablar de todas estas cosas y de muchas otras.

P.D.: ¿Has leído algo de Patrick Modiano? ¡Seguro que sí!

Anuncios