En los últimos 50 años he visto cómo renacía el atletismo femenino en Valencia. He hablado con atletas de los años 30, aquellas mujeres que creyeron en la igualdad entre los hombres y las mujeres. Mujeres republicanas, comprometidas con el deporte y la cultura, como es el caso de Alejandra Soler.
He compartido viajes con Esther Lui, con Manoli López de Arce, Amparo Betes. Me ha conmovido Carmen Pemán o Dulce Albors. En dos palabras creo que he aprendido mucho de la bondad de tantas y tantas mujeres deportistas.
Hoy quiero centrarme en dos. Isabel Checa, olímpica en Pekín, y Davinia Albinyana, campeona del mundo de duatlón en 2014. Ambas han superado los 30 años, ambas son mujeres forjadas luchando contra la adversidad y la falta de medios, en ocasiones la falta de presencia en la vida social valenciana. Imagine usted un olímpico en fútbol o un campeón del mundo en baloncesto o un número uno en tenis. La tragedia de España y de Valencia es que no sabe apreciar lo que tiene. Deportistas valencianos, alicantinos o castellonense merecen otro trato. Luchan contra gigantes con aspas de molinos. Modifican sus vidas, cambian sus hábitos, viven por y para durante unos 10 años dar lo mejor de ellos a cambio de nada, tan solo la estima de un círculo muy reducido. Los medios de comunicación de masas como la televisión los ignoran, las instituciones y los políticos se hacen la foto con ellos o con ellas y les dan una palmadita en la espalda.
Isabel Checa, de Silla, ha superado todo tipo de obstáculos y no han sido pocos. Davinia Albinyana, de Alcira, se ha curtido en la adversidad y ha sacado toda la garra que lleva dentro. Ha estudiado una carrera y nos habla en decenas de charlas de la importancia de la psicología en el deporte.
Mujeres como ellas y tantas otras merecen la admiración y la estima de todos. Brindemos por ellas.

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