En ocasiones hablar de un atleta con el que has compartido momentos muy especial de tu vida es una doble gratificación. Este es el caso de Fausto Gosalvez Vera. El comienzo de esta amistad se remonta a la segunda mitad de la década de los años 60. En esos momentos en Valencia se vive con emoción el atletismo en pista, no en balde la sección de atletismo del Valencia C.F había ascendido de tercera a primera en dos años. Una revolución que vino acompañada de la inauguración de las pistas universitarias en 1968, el año de los Juegos Olímpicos de México.

El atletismo valenciano de esos años distaba mucho de parecerse al actual, si bien en Valencia correr por debajo de 11 segundos los 100 metros no era algo excepcional, más bien todo lo contrario. Uno de esos atletas de una humanidad enorme fue y es Fausto.

Fausto ha sido siempre un hombre fiel a sus principios, luchador, caballero, gente de bien con la que puedes o no estar de acuerdo pero que siempre tiene una sonrisa, una palabra amable, el don del saber escuchar con respeto.

La vida no le fue amable, pero siempre encontró en sus creencias la fuerza para salir adelante. Como tantos otros atletas ha tenido dos fases en su carrera atlética, una de joven, corta; otra de veterano en la que ha podido disfrutar de su pasión con total entrega. Conozco a muchos atletas pero a muy pocos con la calidad humana y la cercanía de Fausto.

Se me olvidaba fue internacional en 1967 con la selección valenciana en el encuentro con Costa de Marfil y con el olímpico Kone. Una carrera de 100 metros en el estadio Fornás de Puerto de Sagunto que ninguno de los que allí estuvieron podrá olvidar.

Pero sin duda la gran lección de Fausto es su amor hacia su hijo Javier. Fausto volcó todo su ser en su hijo. Fausto corrió con su hijo la San Silvestre y su hijo se convirtió en el gran admirador de su padre. Hace unos años ambos coincidían en las pistas del Cauce del río Turia y la lección que nos daban a todos de amor compartido nos alegraba profundamente.

Os dejo con unas palabras suyas:


“Así empezó todo

Empecé a correr en el colegio HH. Maristas y me descubrió el Sr. Quilis, Comandante de Artillería que era el profesor de gimnasia. Vicente Ortiz fue mi primer entrenador y el que me pulió todos los defectos que entonces tenía, y eran muchos.

Antonio Ferrer me fichó para el Valencia y Rafa Blanquer fue mi entrenador hasta el final. Con los Maristas fui Campeón de España Escolar en 100m y Emilio Ponce me llevó a los campeonatos de Educación y Descanso, donde conseguí alguna medalla de oro y plata, y a los militares siendo plata y bronce en 200 y 100.

Como sabes con 22 años deje el atletismo por causa de lesiones inguinales (hernias) y motivos familiares. Luego gracias a José Luis Zamora volví de veterano y gané varios Campeonatos de España en 100 y 200 / 60 y 200 Pista Cubierta.

El atletismo me aportó madurar, conocer España y grandes amigos Rafa Blanquer, Pepe Palanca, los Cebrián, Reca y un gran número de atletas de mi época y posteriores así como del mundo atlético, Antonio Ferrer, Emilio Ponce etc. Con todos ellos compartí grandes anécdotas y vivencias que guardo con gran cariño.

Mis marcas:

100m      10,7

200m      21,9

400m      51,0

60m        6,7

50m        5,8

longitud   6,18.


Mi vuelta como veterano me aportó un volver a ser con
gran esfuerzo y sacrificio y muchas alegrías que no me llegaron
en mi época de joven por culpa del destino.

FINAL COM PARAISO

FINAL COM PARAISO

86--200 - Sevilla 1998

86–200 – Sevilla 1998

 

Padre de Javi, un niño Down

Mi hijo se llama Javier, desde que nació nuestra vida se volcó en su educación. Solo el que tiene un Down sabe lo que te aporta, es todo felicidad, cariño y ganas de vivir, trabajar y ayudar a todos. Gracias a Javi volví al atletismo como veterano, entrenábamos juntos y me acompañó a todos los campeonatos, siendo mi principal fan y propagandista. En fin, es todo.

Mi hijo

Gracias a Dios no lo cambio por nada.”

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