Miguel Pellicer fue un hombre que vivió con gran pasión el atletismo. Nacido en Valencia en 1926 se aficionó a correr en plena Guerra Civil, tratando de evitar el ser alcanzado por unas de las bombas de la aviación franquista. Su infancia fue muy dura, como la de tantos y tantos valencianos. En la posguerra se pasó hambre, como un día me comentó, y había que hacer de todo. Vivir a salto la mata y aprovechar cualquier ocasión para sobrevivir.

Miguel sobrevivió gracias a su férrea voluntad por salir adelante y destacó en las pruebas de marcha atlética, una modalidad en la que Cataluña siempre ha sido una gran potencia: Marín, Llopart y otros. El estilo de Miguel era elegante y siempre defendió esta modalidad donde el sabía que muchos marchadores corrían en cuanto se percibían que no había jueces que los controlases.

Dos medallas de bronce y una de plata

En 1945 Miguel consiguió la medalla de bronce en los 10K marcha con una marca de 51:09.2 que ya quisieran para sí muchos de los corredores de hoy. Recordemos que en la marcha no se puede correr y que siempre una planta de un pie debe estar en contacto con el suelo. Tres años después, en 1948, en un circuito clásico como el del Baix Llobregat en 50k hizo 4:47:19, un marcón para aquella época y para la actual. Un año después realizó su gran hazaña, hacer 4:39:54 en los 50K marcha, medalla de plata en un campeonato de España.También Miguel subió al podio en un campeonato de España de Maratón siendo tercero en 1950 en Lerida, con 3h:39:59.

Una cajita de alfileres, Franco, El Pardo

Durante los años 50 siguió compitiendo. Corrió por el Barcelona F.C.. Retó  caballos y a corredores acudiendo a pueblos en fiestas donde este tipo de atracciones contaba con una gran aceptación. Anunció coñacs, fue árbitro de fútbol y en 1948 junto con otro grupo de atletas corrieron desde Valencia a Madrid para ir a cumplimentar al jefe del Estado. Recibidos en la residencia del Pardo, el general prometió a todos los integrantes que la prensa no dudó en calificar como heroica, en regalarles un reloj a cada uno de ellos. Miguel siempre comentó que ese reloj nunca llegó a Valencia y que los jerarcas del movimiento le entregaron una cajita llena de alfileres. Esta anécdota la contó en decenas de ocasiones

El Bar Danubio, la S.D. Correcaminos y Píndaro

En los años 70, Miguel montó un bar de chicas que atendían en top-less. Luego su mujer Angelita, montó también un gimnasio. El bar Danubio se convirtió en el punto de encuentro de los nuevos corredores que fueron apareciendo con motivo de las primeras carreras populares y allí se gestó la S.D. Correcaminos.

En los 80 Miguel, hombre inquieto donde los haya, creo la revista Píndaro, que después continuó Tomás Rivas. Miguel en esa década organizó decenas de pruebas en el Paseo de la Alameda. Una media maratón, varias millas, e incluso carreras con compensación. Su tienda Deportes Maratón fue la que mas zapatillas de correr vendió en aquellos años.

Espero no haber ofendido a nadie

Las cosas empezaron a irle bien y Miguel acudía con su cámara a las carreras para grabarlas y luego pasarlas a los amigos y aficionados que acudían a su tienda. Poco a poco, Miguel se fue haciendo mayor y acabó sus días en una Residencia, donde en ocasiones pude hablar con él. En una ocasión y ya próximo a su muerte me comentó: espero no haber ofendido a nadie y en caso de haberlo hecho le pido perdón.

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