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José María Blay nació en 1927 y su infancia fue muy dura. Desde niño acudía a trabajar al campo y su paso por la escuela fue muy corto. Desde niño aprendió lo que es sufrir, padecer hambre, pasar frío, sentirse menospreciado. Desde niño comprendió que la vida para él iba a ser, como para tantos y tantos niños valencianos de los años 30 y 40 muy especial.

Su afición a la carrera se despertó al ver a Alfonso Sebastiá proclamarse campeón de España de maratón en 1945. Si Alfonso lo había hecho él también lo podía hacer. Alfonso, doble campeón de España de maratón, nacido también en Algemesí, fue durante años el símbolo de una generación de maratonianos excepcionales.

El entrenamiento de Blay era muy sencillo salía a las 5 de la mañana corriendo de Algemesí para dos horas después estar segando el arroz en los campos de Sueca y Cullera. Luego, por la tarde, se volvía a casa corriendo. Su alimentación pues un boniato, una patata, un mendrugo, una cebolla y unos nabos (según me comentó Sebastiá). Otra modalidad de entrenamiento consistía en retarse entre dos. Salían de Algemesí y tenían que ir a Xàtiva y volver. El que perdía pagaba el café.

Blay corrió el campeonato de España de maratón que se disputó en Algemesí el 7 de abril de 1946 y llegó a meta en séptima posición en 2:58:46 y los pies ensangrentados, pues corrió descalzo por caminos polvorientos y pedregosos.

Un año después y de nuevo en Algemesí, se disputó el campeonato de España de maratón. Era el 27 de abril y cinco atletas de Algemesí ocuparon las cinco primeras posiciones: 1º M. Sánchez; 2º José Blay; 3º F. Colom, 4º A .Blay, 5º S. Diez. Nunca antes se ha vivido tal situación en un campeonato de España. Sánchez pasó los últimos años de su vida en Cullera, en casa de una hija, y en una ocasión me habló de la afición a beber de Blay, pero mucho menos de lo que se decía por el pueblo, pero sobretodo me insistió en la bondad de Blay.

 

Mínima olímpica

Fue un 24 de abril de 1948 cuando Blay logró la hazaña de su vida: ganar el campeonato de España de maratón en Zaragoza, hacer mínima olímpica, séptima mejor marca del mundo del año (2:43:39) y además con tan solo 21 años.

Blay tiene la mínima y es llamado para formar parte del equipo que se desplazara a los Juegos Olímpicos de Londres. Se le espera en el aeropuerto de Barajas donde está el general Moscardó, responsable del deporte español.

Blay nunca llegó al aeropuerto. Salió de Algemesí con un mando de Falange que tenía que cuidar de él. En Alcázar de San Juan el tren se paró, y bajaron a estirar las piernas. El mando de Falange iba en un vagón de primera y Blay en uno de tercera.

Ahora vienen las dos versiones de los hechos. El mando aseguró ante Luis Puig y José Antonio Caparrós (ambos dirigentes del deporte valenciano en 1948) que Blay descendió del tren y se le escapó. Por su parte la segunda mujer de Blay me comentó no hace mucho que Blay en su lecho de muerte le confesó: me engañaron.

A raíz de este hecho en Algemesí Blay pasó a ser un proscrito. Se casó y tuvo una hija. Tanto la madre como la niña murieron.

 

Inhabilitado a perpetuidad

La Federación Valenciana de Atletismo lo inhabilitó a perpetuidad, a pesar de ello Blay trató de correr alguna carrera como la Volta a peu a Sedaví o al Puerto de Sagunto y fue sacado por la fuerza pública.

En su pueblo cualquier fechoría que se cometiera el responsable era él. Emigró al delta del Ebro, rehízo su vida, se casó, tuvo hijas y un montón de nietos que lo adoraron.

En el 2007 hablé en Algemesí con personas que lo conocieron. Unas tenían miedo a contar lo que opinaban y declinaban hacer algún comentario. Otras por el contrario pensaban que había sido engañado, que era buena persona y que el pueblo no se portó bien con él.

Quizá a las pistas de atletismo de Algemesí se les podría rotular con su nombre. Estamos hablando del primer atleta valenciano que consiguió hacer mínima olímpica y en una condiciones excepcionales.

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