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Cuenta Albert Camus en su ensayo el Mito de Sísifo que el ser humano está condenado a vivir una existencia en la que la vida se convierte en un eterno devenir entre el bien y el mal. Sísifo debe todos los días acarrear una piedra pesada desde el fondo de un valle hasta la cima de una montaña y al día siguiente repetirá la misma acción: No te afanes alma mía por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible.

Rafa Martínez práctica la carrera a pie desde hace muchos años. Recuerdo los tiempos en los que los organizadores decían: bueno ahora solo falta que llegue Rafa.

Y Rafa siempre llegaba y además con la cabeza alta como revindicando que el llegar el último no es ninguna deshonra. Rafa me enseñó a apreciar el esfuerzo de aquellos que están menos dotados. Es por ello que en todas aquellas que ejerzo como locutor insisto en que el momento más importante se produce con la llegada del último clasificado, pues en este deporte no hay ni vencedores ni vencidos, de ahí su grandeza.

Durante años Rafa mantuvo una lucha desigual con su cuerpo, igual conseguía rebajar un montón de kilos que volverlos a recuperar. Siempre tenía un apetito voraz que le hacía comer lo que precisamente no debía ingerir: productos de bollería.

Los años pasaron y la relación aumentó. Rafa trabajaba para Miguel de la Herrán cuando organizaba la Maratonina y Rafa era increíble con el ordenador: Meticuloso, inteligente, ordenado, rápido y amable.

Rafa siguió corriendo más y más. Rafa dejó de llegar el último, hizo miles de amigos, conquistó el respeto de todos, ayudó y ayuda en todo lo que puede, habla con propiedad y rara es la carrera en la que no haya dejado la impronta de sus zancadas. Hoy Rafa sabe utilizar las nuevas tecnologías como maestría pero si os fijáis bien Rafa es un hombre brillante en las relaciones humanas. Probablemente Rafa sea el corredor valenciano con más kilómetros en sus piernas y en su cuerpo.

Rafa como Sísifo es un héroe anónimo que se afana por vivir el momento, por disfrutar del camino, por encontrar una sonrisa compartida, por optar al ámbito de lo posible.

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